Betún

Se decía a sí mismo «¿Por qué? Sé que es mi destino pero ¿Por qué tengo que hacerlo solo?». Recorría el lugar con la vista, a donde sea que mirase, solo había metal. Metal con un ligero brillo rojo. Casi bermellón. Una y otra vez se preguntaba lo mismo. En un momento empezó a gritarlo.
—¿Por qué? ¿Por qué solo yo? —exclamó mientras intentaba mover su gelatinoso cuerpo—. Mientras yo descansaba sobre la mesa, veía a mis compañeros entrar y salir en grupo. Pequeñas y amorfas. Todas iguales al entrar. Todas bellas al salir. Como nacidas nuevamente. No, no nacidas. Como una especie de evolución. Orugas todas al inicio, bellas mariposas al final.
Descansó unos minutos, sentía el creciente calor sobre todo su cuerpo, y las rojizas paredes brillaban cada vez más y más.
—Pero, pero —decía, con un tono voz pausado— ese no era el fin. Esas bellas mariposas no habían terminado. Las colocaron, en grupo —decía mientras remarcaba esta palabra—, y comenzaron a maquillarlas. Un polvo aquí, un toque allá. A los pocos minutos un miembro del grupo era único. Su belleza era indescriptible.
»Y no terminaba aún. Cada miembro fue maquillado y vestido pomposamente. Se podía oír el frufrú y la belleza que este dejaba tras de sí. Como si ese sonido anunciara la venida de alguien resplandeciente, de alguien único. Después de unos minutos, cada uno, cada miembro de todo el grupo, tenía una nueva cara. Una actitud única.
Se escuchó un fogonazo y el amorfo ser recorrió su sentir por todo su cuerpo. Notó que estaba cambiando.
—Yo era más grande que todos ellos. Esperaba que todos los compañeros de mi futuro grupo fueran como yo. Quería pensar que no era el único. Que me encontraba solo porque mis futuros compañeros aun no estaban preparados. Pero cuando vi como me tomaron por ambos lados y me metieron en este lugar, sentí pánico. Vi como cerraban la puerta y encendían el lugar. Fue cuando pensé «¿Por qué? ¿Por qué tengo que pasar por esto completamente solo?».
No pudo continuar, perdió el conocimiento lentamente debido al abrasador calor que envolvía todo el lugar.
Cuando volvió en sí, no estaba seguro de cuanto tiempo había pasado. Solo escuchaba un murmullo. Pequeñas voces, como suspiros.
—¡Oh! Ya está despertando, miren —escuchó una pequeña y aguda voz. Cuando se percibió, sintió como había crecido. Miró a su alrededor y vio como los pastelillos le miraban sorprendidos. Todas esas miradas fijas en él.
Volvió completamente en sí y notó que tenía algo escrito. Intentó leerlo, percibiendo su ser y concentrándose en su parte superior. Notaba que ahora tenía forma cilíndrica y pequeños detalles en todo su rededor.
Cuando por fin pudo descifrar lo que estaba escrito, no pudo más que sentir un torrente de alegría.
"Feliz cumpleaños" decía en idioma humano.
La ahora contenta mezcla de masa solo podía pensar en una cosa «Soy un hermoso pastel».